29.5.09

2059


Hoy, como todos los años, a finales de mayo, renuevo el color.

El mismo color. Desde aquél mayo de 2009, en el cual conocí a Mía, o Aiyi. O Ana, como decía en su documento de identidad.

Hoy, 29 de mayo de 2059. Tengo 87 años. He vivido mucho, he amado más aún. He conseguido alguno de mis sueños, como recorrer el mundo entero junto a la mujer que amé, y sigo amando, después de despedirnos de manera simple y muy sentida con un "ya nos veremos". Ella murió hace 7 años.

Hemos avanzado mucho tecnológicamente. Ya la gran mayoría de las tareas están automatizadas. El ser humano ha conseguido enviar naves tripuladas a marte. El mapa del genoma humano, lejos de deshumanizarnos, obró el milagro, e hizo que la medicina avanzase en el campo del enfermo, para curarlo, y no en el de la enfermedad, para lucrarse. Hace una hora, estuve tomando un café bajo la Torre Effiel con mi primo. El, en un local de Málaga. Yo, aquí en el centro de Murcia. La holografía hace milagros.

Y a pesar de eso, algo no ha cambiado. Un chico joven, con traje presurizado especial, me ha pintado las paredes de casa. De violeta, como aquella primera vez, hace cincuenta años, en que yo mismo pinte mi primer piso. No usa brocha, y la pintura seca según se aplica, dejando un efecto curioso según la luz que incida en el color.

Cincuenta años pintando del mismo color. Fue cuando conocí a Mía. Entró en mi piso, una tarde de verano. Y se enamoró del color de las paredes. Un preludio del amor que había surgido entre los dos, y que, regalos del destino, surgió al calor de un color. Ella dijo que era como recordar su infancia, en la casa familiar en Italia, en la Toscana, donde las casas respiran y están llenas de vida. Yo solamente asentí, absorto ante tanta belleza condensada en sus pensamientos.

Se que me está esperando, dondequiera que esté. El chico, con su traje con las letras "Pintex" en el pecho me indica que ha terminado. Me pasa el lector. Pulso con la huella del dedo índice, digo la palabra "si" permitiendo el cobro en mi cuenta, confirmando la factura con mi voz. Otro avance más. A veces pago con dinero, más por recrearme en algo tanto tiempo usado que por otra cosa. Hoy día ya casi no se usa el papel moneda.

El chico ha salido de mi casa. Y me quedo allí, contemplando extasiado las paredes color violeta. De repente, un pequeño zumbido martillea mi cabeza...

Despierto. Miro el reloj de mi mesilla. Es sábado, 30 de mayo... de 2009. Me giro en la cama. Allí está ella, dormida. La abrazo con ternura, mientras miro las paredes recién pintadas. Y vuelvo a cerrar los ojos...

1 comentario:

Maria dijo...

Tu sueñas con el futuro y yo con el pasado.
A mi me gustan los caballos al galope al amanecer , las mansiones perdidas entre los arboles y las nieblas,las cartas de amor escritas con pluma y tinta en secreto,la luz velada de unos candelabros al final de un piano ,y el vals a la luz de la luna .Tiempos que nunca volverán.Un besazo