6.10.07

Historia... o una vida

He de reconocer que hay días en que vuelvo la vista atrás. Solo un poco, de perfil y mirando no muy profundamente. No me gusta aferrarme al pasado, y la mente es muy dada a recordar, si no lo hacemos conscientemente, las mismas cosas -y no las mejores o más positivas, para variar-.

¡Cuántas páginas deben haber pasado en el libro de mi vida, y cuán pocas me parecen! No voy ahora a lamentarme por lo que pude vivir y no viví, por lo que deseé hacer y no hice, por la chica maravillosa con quién podía haber nacido un más maravilloso amor y no surgió. Si, es cierto, a veces lo pienso. Ya, el que no se consuela es porque no quiere -eso de que siempre encontrarás alguien que tuvo e hizo mucho menos que tú-. Eso es algo que a mí no me vale, lo de consolarme. Aunque ayude a dar gracias a la Vida por lo que uno tiene y es.

Estoy como el gusano. Entiéndaseme. No tirao por tierra, ni mordiendo el polvo. Estoy como un bebe que descubre que lo que más le gusta, después de la teta de su madre, y del abrazo de su padre, es la compañía. Pues eso, un gusano, íbamos diciendo. Estoy haciendo mi ovillo de seda, o más bien lo tengo hecho, deseando con todas mis fuerzas que empiece a resquebrajarse, a romperse y me permita salir renovado, como la mariposa, bien con alas para tener un mayor movimiento y una perspectiva más amplia, bien con unos colores nuevos y llamativos que llenan todo cuanto soy.

¿Melancólico? Tal vez un poco. Los días se acortan. No entra el frío aquí donde vivo -hasta casi diciembre-. Se que hay gente, muchas personas -solo seis mil y pico millones, así a ojo-. Así que la vida puede ser maravillosa, si comienzo a jugar a encontrar personas que sintonicen conmigo, que quieran estar conmigo y me enseñen de la Vida tanto como otros les enseñaron y ellas mismas vivieron. Espero que la Vida me ayude al menos a tener suerte y no perder una vida buscando, sino tener una vida de encuentros.

¿Y por qué no? Deseo subir a la cima del Kilimanjaro, y tumbarme en el suelo a mirar las estrellas. Perderme con el coche y encontrar el pueblo más bonito que haya visto hasta ahora. Besar a una chica y saber que ese beso lo estuvimos esperando mutuamente desde que nacimos los dos… Tomarme una cerveza, y sentir que no es solo una cerveza, sino miles de sensaciones recorriendo mi boca intensamente -sobre todo después del beso-.

Nadie vendrá a darme esa patada cariñosa en el trasero, diciéndome: ¡vamos, muévete!, de eso estoy seguro, tendré que ser yo quien anime a alguien a que me la de.

¿Y por qué cada vez que pienso en escribir, y en momentos como este, aparecen fotografías, objetos, cartas y otros momentos de mi vida? ¿Para hacerme pensar? ¿Una introspección, una mirada hacia dentro, hacia mi mismo, que necesito?¿Un toque de atención para que deje lo viejo, y coja algo nuevo? Intrigante enigma, que pienso resolver…

(Se aceptan vivencias, e historias de la vida. Serán bien recibidas. Como antiguamente, cuando se compartía en la tribu alrededor del fuego…)

1 comentario:

Ana dijo...

Yo quiero compartir contigo alguna vivencia mía desde mi cueva o desde mi propio capullo de seda en el que estoy metida actualmente. Mi sensación es parecida, siento que es un momento de cambio de piel, del paso de crisálida a mariposa, espero que más libre y más alegre, más auténtica y más generosa. No es fácil el momentoy alterno momentos de angustia y miedo con otros de maravillosas percepciones de paz y serenidad. Me siento muy vulnerable y desde esa fragilidad, descubro que sólo está en mis manos sentirme bien. He dejado demasiado tiempo en manos de los demás mi estado de ánimo, mi bienestar o malestar. Poco a poco voy emergiendo a un nuevo día, aunque el parto está siendo lento y difícil.
Un beso Vilo