28.3.09

Noche sin luna...


Estaba en una de esas interminables noches junto al fuego, en las cuales corría el fuerte licor de arándanos, para espantar el perpetuo frío de aquellos páramos alejados de la mano de Dios. Pensándolo bien, si Dios eligiera un sitio en el cual establecer su morada, aquí en la Tierra, no sería este.

Sentado junto a los ancianos del poblado Anuk, se contó una extraña historia, quien sabe si rescatada de la memoria del tiempo, o simplemente los desvaríos de un narrador borrachín con más licor que sangre por sus venas.

Dicen los niños, cuentan las viejas del lugar, que hace mucho tiempo, tanto que hasta para sus longevas vidas es mucho tiempo, una curiosa criatura invadió sus tierras. Nadie puede afirmar a ciencia cierta haberla visto, más todos dan profusos y concisos detalles de ella.

-Bien digo, sin temor a equivocarme, que aquella criatura medía más de diez pies de alto, quince tal vez, y cinco de ancho.- Así hablaba el viejo sentado enfrente mío. 

-Llegó al comenzar el otoño. Merodeaba por los bosques, y se escondía en las altas y profundas cuevas. Escurridizo, por más que se mandaban a los jóvenes a explorar, nunca lo encontraban. Bajaba al poblado, si, en noches sin luna o con niebla. Y se llevaba animales y comida, si acaso encontraba de lo uno o lo otro.

Pregunté si encendían luces.

-Por supuesto, y esto es lo más extraño. A la luz de las casas, se acercaba, como atraído por ese mágico fenómeno. Más cuanto más se acercaba, más se difuminaba su imagen, hasta hacerse invisible. El miedo entonces invadía a nuestra gente, que cerraba las contraventanas, y esperaba la luz del día.

La historia, por ser tan increíble, me fascinaba a cada instante:

-Un día, una joven, huérfana, de cabellos de fuego más fría como el acero, decidió ir a su encuentro. Y en una noche sin luna, tomo el camino que lleva del poblado al riachuelo, y se sentó en una gran piedra a la orilla a esperar. Ya bien entrada la noche, una presencia se acercó desde lo profundo del bosque. La joven fue a su encuentro, sin temor, con pasos firmes y decididos.

Y al fín terminó el relato:

-No se volvió a ver a la joven, y su casa fue derribada pensando que podría tener algun encantamiento. Aún hoy se dice, que en las noches sin luna, se ve pasear a una hermosa joven de cabellos de fuego por las calles del poblado, atraída por el mágico fulgor de las luces en las casas...

Después de esto, el tierno borrachín lió toda la historia, y acabó por dormirse, tras lo cual decidí levantarme, ir a una de las casas que me habían acondicionado, a contarle la historia a mi pareja, mientras la abrazaba con fuerza, y la magia desataba el deseo y las pasiones más íntimas. Tras un rato, decidí levantarme y encender el portátil en una irrepetible noche, para escribir este relato. Hoy no hay luna. Quizá consiga ver a la joven paseando. Quien sabe...

2 comentarios:

Maria dijo...

jolinasssssss....¡¡¡una joven de cabellos de fuego !!!!! Cuando era pequeña, al amor de la lumbre me contaban cuentos de muertos de cementerios,y desaparecidos extrañas leyendas de mis montañas del norte llenas de lluvia y bruma....me encanto tu relato yo tambien tengo un blog donde recopilo leyendas y cuentos olvidados un besote

Vilo dijo...

Genial que te haya gustado, María!